Los complejos son pensamientos irracionales sobre uno mismo, generalmente sobre una característica física que impiden disfrutar de la vida. Además pueden influir negativamente en las personas produciendo inseguridad y baja autoestima.

Se los puede entender como percepciones distorsionadas o imágenes exageradas de uno mismo que se originan al compararnos con otras personas, o con modelos que la sociedad impone. Estos complejos pueden llegar a influir y condicionar la vida de quien los padece, incluso pueden impedir disfrutar de determinadas cosas o llegar a limitar.

Uno de los factores que más influyen en la formación de un carácter acomplejado es el entono familiar, la falta de apoyo y atención por parte de ellos hará que el niño crezca con una baja autoestima. El entorno escolar es otro factor que influye enormemente. Cuando los niños tienen alguna característica física que sobresale puede convertirse en objeto de burlas de sus compañeros, quienes probablemente le pondrán algún apodo.

Muchos de estos complejos se pueden acentuar en la adolescencia, ya que en esta etapa se producen grandes cambios físicos y la personalidad aún no está formada. Los adolescentes son más vulnerables y necesitan la aprobación de los demás para su propia autoestima.

Otro factor a tener en cuenta es la sociedad, que marca modas y estereotipos de belleza que no se corresponde con la realidad. Esto hace que muchas personas se sientan acomplejadas al compararse con esos modelos que la sociedad impone.

Lo más importante para superar un complejo es aprender a quererse uno mismo, aceptándose y valorándose tal y como cada uno es, con sus virtudes y defectos. Y entendiendo, ante todo, que uno vale por lo que es y por cómo es interiormente, no por su apariencia física. Hay que buscar aspectos positivos de la personalidad y repasar las virtudes y cualidades.

Se debe actuar de acuerdo a los propios valores sin tener que contentar o gustar a todo el mundo. Hay que tratar de sacar lo mejor de sí y no autodespreciarse, considerando que con nuestros actos transmitimos lo que pensamos de nosotros mismos. Definitivamente, la apariencia física es secundaria a cómo uno impacta como “persona completa”, priorizándose el estilo y el don de gente.