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Terra
La Coctelera

Cayendo y resurgiendo, como el Ave Fénix.-

“Si te caes diez veces, te levantas
otras diez, otras cien, otras quinientas:
no han de ser tus caídas tan violentas
ni tampoco, por ley, han de ser tantas”.

Almafuerte.-

En algunas oportunidades estas palabras no parecen tan sencillas de llevar a la práctica: uno vivencia sus dolores y angustias como únicas, así se transforman en el eje de la propia vida y la persona queda encerrada en la tristeza y en los fracasos.

Obstáculos se presentan en la vida de todas las personas. La diferencia es cómo ellas las procesan. Algunos, con una cosmovisión muy optimista o simplemente con muchos deseos de “salir adelante” pueden sobreponerse. Tal vez no vuelvan a un estado óptimo y pleno de bienestar, pero pueden manejar la situación. Otros se anquilosan en las dificultades y les cuesta mucho salir de ese lugar.

Sin dudas se puede afirmar que hay personas con una gran tolerancia a la frustración. Pueden sufrir golpes, pérdidas y con el tiempo reponerse. Pero no me refiero a aquellos quienes pueden estar metidos en su cama tres días elaborando un duelo y luego resurgen a su vida como si nada. No. Hay quienes ante fuertes fracasos se sumen en un profundo estado teñido de depresión, y entran en esa especie de túnel negro, sin salida aparente.

El tiempo pasa, y hablo de meses, meses largos, superándose a veces el año. Y el sufriente sigue viviendo su duelo. A veces encerrado en su habitación, sin levantarse, evitando todo tipo de vínculo social, llegando al ostracismo y tratándose apenas con la persona que convive, por razones de fuerza mayor.

Y el dolor es profundo, lacerante, letal. No se le puede poner palabras. Aparece un estado puro de desazón, pesadumbre, desasosiego. Y la persona pasa el tiempo callada….desde afuera se puede creer que está enrollada en sus pensamientos, pero la realidad es que mayormente está con su mente en blanco. El sufrimiento caló tan hondo que hasta pudo con las ideas. Sólo hay sensaciones, sentimientos, emociones…..y todas coloridas de negro.

De repente la persona revive, resurge, nace de nuevo a la vida. Pareciera que no tuviera rastros de los motivos que la tumbaron en su lecho. Y aparece con fuerza, enérgica para recomenzar una nueva vida. O para retomar la anterior en el punto en que la había dejado. Y viven intensamente. Y la alegría, el deseo y el empuje son genuinos. Y su entorno las admira….además de llenarse de felicidad, claro.

Pero esta situación suele ser cíclica. Tal vez el protagonista de nuestra historia está en la cima de una de sus vivencias y vuelve a recaer. Y de nuevo la angustia, el encierro, el estar mudo y abstraído del mundo. Puede ser por meses, puede ser por más de un año. Puede ser por mucho tiempo. No hay “tiempos”. Nada lo reaviva, pues nada llama su atención. Como el caracol, “se mete hacia adentro” y queda anquilosado en su mundo…..seguramente un mundo tan vacío en el que ni siquiera hay deseos, pensamientos o simples ideas. Y si el dolor es aún más fuerte de lo que fue en el anterior episodio, se llega a la anestesia emocional. Y es duro. Muy duro.


Con el tiempo aparece un nuevo resurgir….sí, porque esa es la palabra…..la persona revive y “resurge”…..como el Ave Fénix, el ave mitológica del tamaño de un águila, con su plumaje colorado y dorado, naranja, verde, carmesí y rosado, muy brillante. Se habla de ella como si viviera mil años y renaciera cuando muere.
Cuenta la leyenda que cuando al Ave Fénix le llega la hora de su fin, construye un nido de sándalo y otras maderas y hierbas resinosas y aromatizadas, en lo alto de una montaña. Luego, echado sobre él, desplegando sus esplendorosas alas, la luz del sol consume ave y nido, mientras va cantando su más bella melodía y todo queda convertido en perfumadas cenizas.
Entre los restos del incendio se puede ver aparecer un huevo que es empollado por el calor del sol, y así nuevamente nace le ave Fénix, brillante como la luz solar y alimentado por ella. Cuando ha crecido lo suficiente, el joven pájaro junta las cenizas maternales y las esparce. Entonces durante mil nuevos años, el nuevo Fénix cuida el mundo y a sus criaturas, hasta que le llega la hora de morir.
Y esto es lo que acontece con algunas personas. Viven “por ciclos”…..pasan períodos fantásticos, intensos, plenos, con multiplicidad de estímulos enriquecedores. Pero en algún momento algo “los quiebra”. A veces se le puede poner nombre a ese detonante, pero en otras oportunidades la coyuntura es poco clara. Y de nuevo para adentro, como el caracol, y por qué no, como la tortuga.
En estos “bichitos” vemos, desde afuera, ambas caparazones, sus refugios…..los animalitos, más débiles que esas estructuras se amparan en ellas. Y así tenemos que entender que hay seres que transitan de este modo por la vida…
Su coraza puede ser el encierro en el cuarto, en la casa. El ser está dentro, no puede ni quiere interrelacionarse. El ciclo dura un tiempo……….con paciencia podemos esperar a que la persona vuelva a salir. Y con mucha suerte podríamos reencontrarnos con ella….pero la encontraríamos “nueva”, renovada, como al Ave Fénix…….habría renacido, estaría totalmente renovada y con fuerza, llena de bríos, dispuesta a volar….a vivir.
Y por qué no acercarnos amigablemente y con el mayor de los afectos a ella, pensando que podremos disfrutar de “mil preciosos nuevos años”?
Tomemos de esta persona a la que queremos lo que puede darnos, debemos entenderlas, ella está haciendo “lo que puede”. Algunos creen que se trata de personas “necias” que no luchan por una vida íntegra…..pero apelando a la más profunda sensibilidad entendemos que este ser maneja su vida con los recursos que tiene, y sería un deber acompañarlos en el momento en que “celebran la vida” y entenderlos y apoyarlos en las horas más oscuras.

Todas nacemos para ser Madres?.-

De niña pensaba siempre en que antes de mis 25 tendría, además de mi título universitario, un par de hijos. Hasta barajaba los nombres: Clara María y Juan Tomás. Fui creciendo, entré a la Facultad y me aboqué con todo a los libros.

Tenía amigas muy queridas con las que aún hoy mantenemos una regia amistad, disfrutaba las clases, tenía una buena vida social pero no me perdía cualquier curso extra al que pudiera asistir…..estudiaba demasiado. Salía con chicos, pero ya desde jovencita era un poco “especial” y sucedía que “no llenaban el perfil”.

Bueno, esto que les cuento era antes de los 25. Más bien que con el tiempo maduré y cambié mi cosmovisión. Estoy más abierta, más amplia y adoro la flexibilidad en todos los campos.

Estudié mucho, hice formación profunda luego de recibirme, trabajé a full y tuve un par de muy buenas parejas, ambas con convivencia incluidas. Lo pasé muy bien, en ambas ocasiones sentía estar muy enganchada, “enamorada”, diría yo…..pero nunca pude renunciar a algo que era innato en mí: no dejaba de lado mi amplia libertad, esa que sentía que pueden coartar los niños.

Desde siempre me gustó improvisar los fines de semana, salir a cenar, ir al teatro, cine, encontrarme con otras parejas, armar viajes, y claro que nunca dejé de ver a mis eternas y queridas amigas. El tiempo fue pasando, yo me sentía realizada a nivel laboral y afectivo…..cuando hablo de los sentimientos también me refiero a que tengo un buen activo en ese campo, formado por mis padres, mi hermana y un montón de amistades.

Siempre sentí que era una afortunada en la vida, siempre pude hacer lo que quise. Pude viajar mucho, pasar largas temporadas en otros países y tomar años sabáticos. En paralelo era feliz con mis parejas y no renunciaba a mis hobbies, leía, escribía, devoraba pelis, iba mucho al teatro, consumía miles de CDs , siempre con un culto del diálogo, amando esas largas y profundas charlas enriquecedoras.

Y hoy? Hoy tengo 39 años cumplidos hace un par de meses. Todas mis amigas tienen peques, yo las visito pero a veces regreso pronto a casa cuando se arma “la bulla”. Pero bueno….quiero confesar que algo interno va sucediendo en mí…..

Tengo la suerte de ser madrina de una jovencita divina de 20 años con la que comparto mucho, tenemos la mejor onda, es muy madura y hablamos de todo. Siempre que puedo la llevo a conocer lugares nuevos, viajamos….me interesa que tenga aún más inquietudes, porque es una chica llena de curiosidades e intereses y tiene mucho potencial, y yo quiero que explote todo eso que tiene tan a favor.

Tengo otra ahijada divina, de 7 años, Bernardita, que me alegra mucho una vez a la semana cuando la recojo por el cole , viene a casa, hace la tarea, luego jugamos mucho, conversamos y se queda a dormir. Y no puedo dejar de nombrar, desde otro lugar, claro, a mi perrita Frida, a quien amo y es mi eterna compañía….

Siento que con ellas tres voy canalizando algo que debe tener que ver con “cierta corriente maternal”. Por ahora me alcanza, lo disfruto y me hace muy bien. Pero a veces sobreviene un pensamiento tipo pregunta: “…..y si hubiera tenido a mi niña….con mis ojos, y la hubiera criado muy permeable, como para llenarla de estímulos?.....”.

Cuando esa idea viene a mi mente, desde hace meses, no puedo evitar que algunas lágrimas recorran mi rostro….pero por suerte pronto me repongo, pensando en que soy una persona afortunada…..aunque no puedo dejar de pensar que no tengo “lo mío” en ese plano, verdad?

Antes, hace unos años, yo tenía un discurso rígido, sostenía que no todas las mujeres nacemos para ser madres, que algunas logramos la realización mediante la carrera y otros afectos….y hablaba así porque así lo sentía, estaba muy segura y argumentaba con solidez mis palabras.

Pero hoy creo que estoy algo más “laxa”….si bien no ando buscando “un padre para mi peque” ni me ilusiono con una panza de 6 meses comprando una hermosa cuna, me replanteo que no debería haber sido tan rígida hace años……porque tal vez estaba tan anclada en mis ideas que dejé pasar y no vi personas y oportunidades.

Sobre la enorme atracción que genera "Gran Hermano".-

Hola, nuevamente hoy por aquí. Aún no son las 16 hs en mi país, acabo de salir de la piscina, en la ciudad hay 38º, realmente está insoportable. Entré a casa y luego de la ducha me recosté en el sofá....estaba algo somnolienta, por ende dejé el libro que tenía entre mis manos, tomé el control retomoto de la tele e intentando dormir comencé a hacer "zapping".

Pero de repente, al ver el programa "Gran Hermano" me detuve y vinieron a mi cabeza varias ideas en forma de miscelánea: globalización, aldea global, simultaneidad......sí, esto de la cosa simultánea se me representó al pensar en cómo, al mismo tiempo, en cantidad de países del mundo han ido teniendo notable éxito programas como "Cantando por un Sueño". "Operación Triunfo", "Bailando por un Sueño".....y bueno, me quedé "pispeando" unos minutos la versión argentina de "Bigh Brother".

No soy seguidora, pero hoy en día es inevitable enterarse de alguna de las novedades de lo que sucede en "la casa", porque el resto de los programas de la tele "viven" de "Gran Hermano".....y supongo que esto no sólo pasa en Argentina. No estoy escribiendo a modo de juicio, soy muy abierta y lo bueno de la tele es la variedad de opciones que ofrece.....claro, cada uno elegirá el estímulo que mejor lo entretenga.

Supongo que caigo en un lugar muy común al comentar que los fines para entrar a este programa son bien claros: hacerse famoso, exhibirse, ganar el premio en dinero. Pero algo me llamó la atención durante el tiempo que estuve pendiente del programa: noté que muchos participantes están a disgusto, existen alianzas fuertes que "ofrecen pelea" al grupo rival, también escuché en "el confesionario" que había alguna persona lo suficientemente deprimida como para desear ser eliminada.....fulano habla de mengano y el de al lado se cuida y se ataja ante la movida del compañero, ya que uno no sabe si decodificar, por ejemplo, un gesto amable como algo de buena onda o como una estrategia...........y me quedé pensando: "....qué alto costo pagan los participantes, no?". Es mi simple opinión, y como lo escribí en mi presentación, no hablo en este blog como psicóloga, sino como simple observadora.

Y qué decir de la cantidad enorme de gente involicradísima que sigue el programa casi las 24 horas, las galas, los debates? Qué pasa por la mente de esas personas que saben vida y obra de cada uno de los participantes? Es muy común leer en las revistas o escuchar en programas críticos que allí es justamente donde surge "el morbo" personal........Pero será sólo eso?

Si alguien en su tiempo libre se aboca a "Gran Hermano" y deja de ver otros programas, noticieros, pelis y todo su interés se centra en la emisión......qué estará pasando con lo más profundo de esa persona? Simple curiosidad? De repente depositó todo su interés y pasión allí? O ante un gran vacío decide "llenarlo" fácilmente con la pluralidad de situaciones, nominaciones y varios "etcéteras"?

No pretendo hacer un tratado sobre el tema, no tengo los recursos internos ni externos.....pero de repente fantaseo con una especie de "estudio de mercado" y me encantaría hacer profundos y comprometidos estudios en, por ejemplo, España, Argentina, Inglaterra, Estados Unidos y abordar con encuestas abiertas a los seguidores empedernidos de este programa...

Creo que el resultado, luego de análisis de meses serían "tomos y tomos" de libros que en parte nos sorprenderían por la cosa variada y el espectro de opiniones y justificaciones.......y estoy segura de que hay miles de razones totalmente impensadas " a vuelo de pájaro", motivaciones, inquietudes y de nuevo digo "otros tantísimos etcétera" que hacen que este fenómeno en especial, "Gran Hermano" sea un éxito total y se venga repitiendo desde hace años en tantos sitios del mundo.

Como no soy de encasillar y no me gusta juzgar no me atrevo a barajar más de 4 ó 5 situaciones por las que un televidente pueda vivir "prendido" a su programa favorito......pero estoy segura, y ahora bajo mis pretensiones (es gracioso, paso de estudios rigurosos en varios países a unos pocos cuestionarios), que tal vez con 50 encuestas podría descubrir muchas cosas que me sorprenderían....bueno, que nos sorprenderían a muchos.

Gracias por leerme. Saludito y regio finde.

Amores de Verano.-

Llegan las vacaciones y uno se permite alejarse de su vida cotidiana, interrumpiendo las costumbres tan establecidas. Se toma distancia del trabajo y las responsabilidades, desapareciendo así los problemas que siempre pueden surgir. Es tiempo de descanso, de relax.

Da lo mismo si el escenario es la playa o la sierra, si se trata de un fin de semana o si son vacaciones más extendidas. Lo cierto es que el período estival es ideal para atreverse, sin remordimientos, a un romance con futuro incierto.

El verano es intenso y las personas se sienten más libres al no estar inmersas en la rutina. Sería como hacer un paréntesis en “la vida real” y sentirse libre del “deber ser”. Las emociones se potencian, surgen el optimismo y una alegría casi constante.

Esta etapa de descanso en la que uno anda con el ánimo liviano es ideal para vivirlo momento a momento. Hay una tendencia a abrirse, a socializar, favoreciendo la interacción y así suelen iniciarse nuevas amistades y también vínculos más cercanos.

Cuando comienza una relación de pareja ambos integrantes se abocan a conocerse buscando siempre el aspecto placentero que implica descubrir a una nueva compañía. Ninguna de las dos personas que acaban de encontrarse quiere estar pensando en el futuro, se vive con profunda felicidad el momento. Y es en ese sentimiento de libertad extrema donde radica el éxito de los amores de verano.

En las vacaciones no se cumplen horarios, se pueden compartir horas descubriéndose mutuamente, lo que permite que la conexión fluya. El descanso se vive momento a momento, no se hacen planes, uno se centra en “el aquí y ahora”. Así no hay presiones, y la mayor soltura lleva al sujeto a sensibilizarse más, disfrutando intensamente de todas las opciones que se presentan.

La duración del vínculo incipiente nunca es eje de conversación, tampoco se baraja lo cotidiano, con las implicancias de la rutina. La pareja no analiza factores sumamente relevantes a la hora de pensar en un vínculo que permanezca en el tiempo, más allá del verano

Cuando todo surge la tendencia a la alegría y la ilusión influyen para que no se profundice en variables tales como diferentes formas de ver cuestiones importantes de la vida, conceptos que pueden no compartirse, posturas desiguales. Y al no ahondar en estos asuntos las dos personas no se enfrentan con posibles desencuentros posteriores.

¿Cuál sería la postura a adoptar para evitar complicaciones? El entusiasmo es válido, pero es necesario comenzar a mirar con criterio analítico la relación. No se trata de estar a la defensiva, pero sí de saber observar tomando recaudos.

La cuestión es vivenciar el encuentro plenamente, evitando cuestionamientos tales como si quien irrumpió en escena será “la persona ideal” que cubra todas las expectativas. El acento ha de ponerse en el acercamiento genuino, sin velos, basado en la sinceridad. Y la proyección en el tiempo es un tema que no debe opacar el alegre momento que se está viviendo….Todo es posible: el verano puede traer la mayor desilusión o sorprender con la historia de amor más increíble.

EMPATÍA: Ponerse en el lugar de los demás.-

Ser empático es ser capaz de “leer” emocionalmente a las personas. La empatía implica poder ponerse “en los zapatos o la piel” del otro, de forma tal de entender realmente sus penas, temores y también sus alegrías.

Si pensamos en aquellas personas con las que hemos mantenido una charla agradable o que nos han sabido escuchar y orientar en momentos críticos podemos considerar a esos individuos como empáticos. ¿Pero que es la empatía? Es la habilidad para captar los sentimientos, necesidades e intereses ajenos. La persona empática está en sintonía con los otros sujetos, logra una identificación mental y afectiva con ellos.

Para poder ser empático y percibir al otro por sus gestos, el tono de su voz, su mirada es necesario contar con la habilidad para poder conocerse a uno mismo y autointerpretarse, ya que esta actitud hace al individuo más sensible. Pero todo en su justa medida: una persona demasiado centrada en sí misma que llega al extremo del egoísmo difícilmente pueda ser empática.

Cuando falta la sensibilidad para captar al otro se corre el riesgo de quedar desconectado, de no poder vincularse genuinamente con amigos, compañeros de trabajo, pareja, familiares. Sin dudas, la falta de empatía puede llevar a la persona a la torpeza social; al no existir esa especie de radar emocional uno simplemente se vincula con el otro desde lo racional, perdiéndose así el componente afectivo que enriquece a todo tipo de relación.

¿Qué es básicamente necesario para ser una persona empática? El elemento clave es tener un “oído bien afinado”, es esencial saber escuchar. Quien no sabe escuchar parece un ser indiferente o insensible, actitudes que provocan en el otro un deseo de no continuar con una conversación.

Aquellos que no valoran una actitud empática pueden perder la oportunidad de conectarse con el lado humano de las personas y no solo con la parte racional. Tal vez en esa postura esté la respuesta a problemas cotidianos de los que responsabilizan a otros por algo que ellos mismos pueden estar originando.

Nota: Mahatma Gandhi tenía una frase alusiva: “las tres cuartas partes de las miserias y malos entendidos en el mundo terminarían si las personas se pusieran en los zapatos de sus adversarios y entendieran su punto de vista”

La Segunda Edad.-

Se extiende a partir de los 35 y los 45 años; atravesarla con objetividad y optimismo permite examinar el pasado, poner a punto el presente y apostar a un futuro más próximo al verdadero deseo personal.

Nos acercamos a los 40, y se torna muy familiar la idea de que “el futuro es hoy”. Con los cumpleaños próximos a esa fecha redonda aparecen interrogantes como: “¿Qué estoy haciendo en esta vida?”, “¿Qué quiero hacer realmente?”

Como si fuera poco, las preguntas suelen venir acompañadas de un balance de los logros y los fracasos, donde no siempre uno queda satisfecho o con sensación de bienestar. Y en algunos casos el denominador común es que las desavenencias cotidianas ayudan a ocultar la espontaneidad y surge el desgaste natural por la progresión del tiempo.

La “mitad de la vida” es el momento justo en que la persona se da cuenta de que ya no puede seguir pensando qué va a ser cuando sea “grande”; se trata de una edad en la que ya se saben demasiadas cosas como para que la vida pase a nuestro lado sin hacer nada al respecto.

La circunstancia de rondar los 40 hace que algunos se pregunten qué clase de vida hay después de la tan lozana mocedad porque sienten que entran en una etapa de estancamiento como producto del comienzo de un período de desaceleración.

Los duelos a esta edad se emparentan con la pérdida de imagen de juventud firme que ya no devuelve el espejo, se vinculan con la impresión de que ya no se puede contar con los padres como figuras protectoras y contenedoras…así es como si se diluyera la “identidad joven”.

La actitud de unir una crisis a los 40 imposibilita que la persona se piense o se revise a sí misma buceando en el rico potencial con que cuenta en esa etapa de su vida. Y los especialistas afirman que no hay ninguna razón de índole biológica, física ni psicológica como para que se desencadene una situación de tal magnitud.

¿Pero qué se puede rescatar? Si más allá de barajar números aparece un replanteo de la manera de encarar la vida, tomar conciencia de que ya no se dispone de todo el tiempo por delante puede ser el mejor motor para una vida saludable e intensa.
A la “segunda edad” se llega más relajado y en buen estado ya que hoy en día existe una tendencia a mejorar la alimentación y desarrollar actividad física. Para muchos es tiempo de volver a empezar, comienza un camino progresivo de cambios positivos.
Llegado este punto la persona revaloriza lo vivido y reordena sus prioridades, pudiendo aparecer nuevas inquietudes e intereses, contando con recursos internos como para emprender una transición hacia lo que se quiere ser…se ha capitalizado lo suficiente como para poder pensar qué es lo que verdaderamente se busca y ahora se cuenta con elementos para lograrlo.
En este período es válido ver al otro como una caja de sorpresas y también a nosotros, descubriendo aspectos y aptitudes que desconocíamos o permanecían olvidadas. Transformar la vida y el mundo en incógnitas y erigirnos en descubridores intrépidos constituyen desafíos atrapantes.
Además, en términos estadísticos la expectativa de vida se ha extendido en los últimos años. Si pensamos en nuestra bisabuela podemos recordar que a los 45 años ella seguramente sabía cómo manejar una familia, hacerse cargo de un hogar y de la crianza y alimentación de varios hijos con muy bajo presupuesto. Si hoy nos situamos en esa edad tenemos que pensar que se cuenta con otro largo período de vida por delante…por lo tanto, a doble tiempo corresponde el doble de posibilidades.
Resulta genial sentir que aún quedan energías y se está dispuesto a tomar riesgos. No hay duda de que hay vida después de los cuarenta. Y se trata de una segunda oportunidad para acercarse al objetivo más real y al deseo genuino. Por eso, cumplirlos es un pasaporte hacia una existencia definitivamente comprometida. Vale la pena celebrar.

LOS COMPLEJOS FÍSICOS.-

Los complejos son pensamientos irracionales sobre uno mismo, generalmente sobre una característica física que impiden disfrutar de la vida. Además pueden influir negativamente en las personas produciendo inseguridad y baja autoestima.

Se los puede entender como percepciones distorsionadas o imágenes exageradas de uno mismo que se originan al compararnos con otras personas, o con modelos que la sociedad impone. Estos complejos pueden llegar a influir y condicionar la vida de quien los padece, incluso pueden impedir disfrutar de determinadas cosas o llegar a limitar.

Uno de los factores que más influyen en la formación de un carácter acomplejado es el entono familiar, la falta de apoyo y atención por parte de ellos hará que el niño crezca con una baja autoestima. El entorno escolar es otro factor que influye enormemente. Cuando los niños tienen alguna característica física que sobresale puede convertirse en objeto de burlas de sus compañeros, quienes probablemente le pondrán algún apodo.

Muchos de estos complejos se pueden acentuar en la adolescencia, ya que en esta etapa se producen grandes cambios físicos y la personalidad aún no está formada. Los adolescentes son más vulnerables y necesitan la aprobación de los demás para su propia autoestima.

Otro factor a tener en cuenta es la sociedad, que marca modas y estereotipos de belleza que no se corresponde con la realidad. Esto hace que muchas personas se sientan acomplejadas al compararse con esos modelos que la sociedad impone.

Lo más importante para superar un complejo es aprender a quererse uno mismo, aceptándose y valorándose tal y como cada uno es, con sus virtudes y defectos. Y entendiendo, ante todo, que uno vale por lo que es y por cómo es interiormente, no por su apariencia física. Hay que buscar aspectos positivos de la personalidad y repasar las virtudes y cualidades.

Se debe actuar de acuerdo a los propios valores sin tener que contentar o gustar a todo el mundo. Hay que tratar de sacar lo mejor de sí y no autodespreciarse, considerando que con nuestros actos transmitimos lo que pensamos de nosotros mismos. Definitivamente, la apariencia física es secundaria a cómo uno impacta como “persona completa”, priorizándose el estilo y el don de gente.

CUANDO SE AMA DEMASIADO.-

Un amor sano y correspondido, por lógica, produce bienestar y plenitud, lo contrario a angustia y dolor. ¿Qué sucede con mujeres que en aras de un gran amor no pueden dejar de sufrir?

En programas televisivos y cierta literatura siempre ha existido un mercado saturado de historias de amores difíciles, imposibles, y ello no ayuda a la mujer que está atrapada en una situación así tome conciencia de su propia actitud que la lleva a “sufrir por amor”.
Este tipo de mujer ha hecho una “mala elección”, ha optado por un hombre inconveniente, generalmente se trata de por hombres problemáticos, distantes, inaccesibles, así quedan enganchadas en situaciones problemáticas.
Estas mujeres, que provienen de las más variadas historias de vida están tan conflictuadas como sus parejas, y de igual manera necesitan ayuda. Todas tienen en común la necesidad de sufrir. Claro está que nadie se convierte en una mujer así por casualidad. Los por qué quedan en carencias afectivas de la infancia que las llevaron a un concepto equivocado del amor.
Estas mujeres raramente ponen fin al drama en el que se encuentran prisioneras, soliendo inspirar lástima en su entorno. Pueden ser responsables, emprendedoras y hasta exitosas, pero con poco amor propio. Aguantan lo impensable y, aún así, disculpan a sus parejas.
Sueñan con lo que podría ser y así "quedan pegadas" a lo que no funciona, ni las hace felices. Rechazan a los hombres "agradables" porque les resultan aburridos, insípidos, en cambio les es fácil sentirse atrapadas por el hombre distante. Éste funciona como una droga para ellas y llegan a obsesionarse tanto por él que descuidan sus propios intereses: familia, amigos, trabajo, aficiones.
Y viven en una continua ansiedad, donde el eje de cada día es el esfuerzo por entender, cambiar o lograr la atención del hombre "elegido": para ellas estar enamoradas es sufrir.
Este estilo de mujer debería autocuestionarse: si sólo siente dolor y habla constantemente de “él”, le perdona sus desaires y sin embargo continúa con el vínculo debería entender que la relación la perjudica y necesita ayuda especializada.